Cuando hablamos de visión, solemos pensar en lo que tenemos justo delante de los ojos: letras, pantallas, objetos… Pero la visión periférica —todo lo que percibimos fuera del punto al que miramos directamente— es igual de importante.
Es la que nos permite movernos por el entorno sin chocar, anticipar lo que ocurre a nuestro alrededor y mantener la atención visual en tareas que requieren coordinación y rapidez.
¿Qué es exactamente la visión periférica?
La visión periférica abarca el campo visual lateral y superior/inferior. Gracias a ella, nuestro cerebro puede crear una imagen global del entorno y reaccionar con agilidad ante cualquier estímulo, incluso sin necesidad de mirar directamente hacia él.
A diferencia de la visión central (que usamos para enfocar detalles finos), la periférica nos da información espacial y de movimiento. Ambas deben trabajar coordinadas para que nuestra percepción visual sea eficaz.
¿Por qué es tan importante?
Una buena visión periférica influye en muchas áreas de nuestra vida cotidiana y del aprendizaje:
- Lectura y escritura: permite anticipar la siguiente palabra o línea sin perder el ritmo.
- Orientación espacial: ayuda a ubicarnos, calcular distancias y mantener el equilibrio.
- Deporte: es clave para reaccionar ante estímulos laterales, como un pase o un rival que se acerca.
- Conducción: permite detectar movimientos o señales fuera del foco central.
- Atención y concentración: al ampliar el campo visual útil, el cerebro procesa la información con más fluidez.
Cuando la visión periférica está poco desarrollada, es común ver dificultades como pérdida de lugar al leer, torpeza motora o necesidad de mover mucho la cabeza al mirar alrededor.
¿Se puede entrenar?
¡Sí! La visión periférica es una habilidad entrenable dentro de la terapia visual.
Durante las sesiones se utilizan ejercicios específicos para ampliar el campo de percepción y mejorar la coordinación entre los dos ojos y el cerebro.
Algunos ejemplos sencillos que se pueden trabajar (siempre con la guía de un profesional) son:
- Juegos con pelotas o luces laterales para estimular la detección de movimiento.
- Tareas de lectura periférica o seguimiento visual.
- Actividades con tableros de letras o luces intermitentes.
- Ejercicios con prismas o gafas que modifican el campo visual.
- El objetivo no es solo “ver más cosas”, sino procesar mejor la información visual para que el rendimiento visual y cognitivo sea más eficiente.
La visión periférica es una pieza esencial del sistema visual. No solo mejora el rendimiento deportivo o académico, sino que también contribuye a una percepción más segura, ágil y global del entorno.
En COC Ribadeo trabajamos esta y otras habilidades visuales de forma personalizada, adaptando cada programa a las necesidades de cada paciente.
Porque ver bien es mucho más que tener buena agudeza visual.